Té / Historia

Mito y realidad

El té es la bebida más consumida en todo el mundo (sin tener en cuenta el agua de la canilla), y por ser cinco veces milenaria, es la más antigua de la humanidad. Además, es majestuosa desde su nacimiento: cuenta la leyenda que las primeras gotas mojaron por azar los divinos labios del emperador chino Chen-Nung, quien descubrió así sus virtudes. Este emperador era un erudito que por razones de higiene bebía solo agua hervida. Según el mito, un día del año 2737 a.c., mientras Chen Nung descansaba bajo la sombra de un árbol de té silvestre, una ligera brisa agitó las ramas con tan buena suerte que algunas de las hojas cayeron en el agua que estaba hirviendo.

 

Desde China a Occidente
El té es originario de China y hasta el siglo XVII permaneció desconocido para el mundo occidental. Durante toda la Edad Media no se tuvo en Occidente noticias del té. Fueron los Jesuitas Misioneros radicados en China quienes se ocuparon de difundir la preparación y empleo del té, describiéndolo detalladamente en el "Novus Atlas Sinensis", en 1653.

La expansión del comercio del té se dio entre los siglos XVII y XIX, primero a cargo de las compañías  holandesas y posteriormente de las inglesas y francesas. En ese entonces, los europeos sólo podían comprarle té a China y en menor medida a Japón, los únicos productores hasta ese momento.

 

Inglaterra se enamora del té

La China, en su rol de principal y casi único productor de té del mundo, desconfiada del expansionismo europeo, ponía trabas e impuestos limitando el intercambio de la bebida tan codiciada. A raíz de esta cuestión Inglaterra impulsó la producción de té a escala comercial en dos de sus colonias: India (donde se descubrió la planta de té de forma silvestre, en la provincia de Assam) y más tarde e Ceilán, hoy dos de las regiones más reconocidas en la producción de té.

Inglaterra se fue enamorando perdidamente del té, y hacia el siglo XVIII el té se convirtió en su bebida más popular, tanto para las clases humildes como para la realeza, llegando a sustituir la cerveza y la ginebra.

La invención del "afternoon tea" se le atribuye a Ana, séptima duquesa de Bedford. Cuentan que un día a media tarde tuvo una sensación de desfallecimiento y se hizo servir un té con algún tentempié, y que al encontrarlo tan agradable, comenzó a invitar a sus amigas a disfrutar de ese momento que pronto encantó a lo más selecto de Londres. Hacia la época victoriana, los five o´clock teas ya se habían constituido una costumbre.

 

El té llega a Argentina
En nuestro país el té apareció como un acontecimiento casual cuando en 1923 arribó a Colonia Tres Capones de Misiones el Sacerdote Tijón Hnatiuk, procedente de Ucrania, quien trajo como presente para su familia un paquete de semillas de "Camellia Sinensis" o "Thea Sinensis". Las semillas fueron plantadas por Vladimiro Hnatiuk y en 1932 el Ministerio de Agricultura distinguió con un diploma de honor al pionero. Así, las rudimentarias experiencias fueron dando sus frutos convirtiéndose en la base y el fundamento posterior de la industria.

 

Los primeros cultivos en Corrientes

En Las Marías los primeros cultivos se realizaron en 1950 con semillas de la variedad Assam, originaria de la India, obtenidas de unas plantas aisladas que ya existían en el establecimiento de la compañía argentina Liebig, en Corrientes, por iniciativa de un inglés que estaba experimentando el cultivo de té en la región.
A partir de ellas, en Las Marías se comenzó a practicar el sistema de selección individual y reproducción vegetativa, que dieron origen a las plantaciones varietales de la actualidad, de reconocida calidad internacional.



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